No me llames fotógrafo de guerra

En un tweet no cabe. Hace unos minutos, con el ‘We are from Barcelona’ —casi un himno— a modo de telón, he terminado ‘No me llames fotógrafo de guerra’, una producción de esas estériles, escuetas en florituras pero ricas en cuerpo y con interlineado, que solo puede firmar un canal de suscripción como el Plus.

Todo iba bien hasta que ha llegado el cierre, y esta imagen:

Fotoperiodista Álvaro Ybarra Zavala

Fotograma del documental ‘No me llames fotógrafo de guerra’

No es de las mejores, ni tampoco la peor de las que aparecen en el documental, pero estarán de acuerdo conmigo en que es de una crudeza —literalmente— absoluta. En un carrusel de imágenes que incitan a la compasión, esta devuelve sin anestesia al odio.

Recomiendo el documental por la colección de fotos, lo crudo de los testimonios y la duda que permanece en todo momento en el aire: ¿puede una foto cambiar el mundo?

Anuncios

2013

En 2013 me detuve un minuto a escuchar el silencio en el 100.9. Y en ese minuto sonaron las horas y horas en la radio. Aprendí a perder.

IMGP0606

Después de un par de semanas sin dormir, aprendí que el trabajo se queda en la oficina cuando se echa la llave al salir. Por suerte, tuve que desaprenderlo dos semanas más tarde.

En este año que acaba, me puse en pie cuando él levantó la cabeza y vi quién era. Tardé un rato en comprender qué hacía en la tele y cómo había llegado allí. En la Traca Final, gracias a Jorge y Marina, toqué el techo de mis 4 años de carrera. “Bienvenido a Rusia”.

1048353_10201326492862795_846245690_o

En 2013 me di de bruces contra el periodismo, o con él. Entendí qué es una fuente, me hundí en el concepto ‘story’, y hablé con mucha gente. Hablé con mucha gente. Y en 2013 entendí que el periodismo está a kilómetros de la pantalla del ordenador y el sillón de casa. En 2013 hablé con mucha gente. Hablar escuchando: eso es para mí el periodismo.

En 2013 me avergoncé de todos los que ejercen lo contrario, al tiempo que pierden la lengua en diatribas a cara cubierta sobre lo que es o no es, lo que debe o no debe, lo que hay que o no hay que … Algo similar me ocurrió con los peryodistas.

Viajé 5000 km para que una atleta cayera partida a medio metro de mi. Quizás hizo que las dos semanas en Rusia tuvieran sentido. ¿Lo sabrá?

Para ello, por ello, en 2013 hice de tripas corazón: me monté en 11 aviones. Viví casi 24 horas en un no-lugar. Disfruté y padecí, no por igual, 12 noches de soledad pura.

IMG_0425

A lo largo de este año conocí a gente entregada a un proyecto, sacrificada por encima de cualquier sueldo. En 2013 yo también le he cogido cariño, de ese que duele cuando toca decir adiós.

He conducido, he jugado al fútbol, he volado un helicóptero, fui a Ikea, y a Decathlon, he revelado mis primeras fotos analógicas, he tenido miedo, me he resbalado un par de veces, o tres, he tenido miedo, he perdido pelo, ganado kilos, me he agobiado, he odiado.

He crecido. Mucho. He dado el estirón. Y también me he echo un poco niño.

En 2013 he echado de menos, y por ello he aprendido a valorar

Laura Playa 2

Hace un año asumí que 2013 iba a ser un año horrible, y me equivoqué.

2014 va a ser un año horrible.

#5aniversario de Salvados con @jordievole

“Es un punto de inflexión”. ¿Un buen entrecomillado un para un ficticio segundo tropezón con Jordi Évole en la actualidad? Sí.

Los granaínos, con más Fe que certeza, nos frotábamos las manos con que nuestra Alhambra, el palacio, no la cerveza —que también podría ser— reinara como Maravilla del Mundo. Ni que tuvieran que apuntarla en una lista para que nos lo pudiéramos creer … Era 2007. Recuerdo aquella noche, la de la elección, como un momento de taquicardia radiofónica. Yo estaba en Moclín, escuchando El Larguero, porque Joserra todavía no me caía mal (…), y esperando con su equipo al anuncio, como decía antes, con más Fe que convicción.  Esta no es la historia.

Sobraron promociones en televisión, en Internet, Granada se volcó con las votaciones, pero hubo un detalle que a mí, que contaba 15 primaveras, me ofreció una perspectiva relevante sobre lo que hasta entonces había considerado un concurso. Buenafuente, que, si mal no recuerdo, emitía sus últimos programas en Antena 3, se plantó en Granada, en un recinto ahora derruido —¿Circo de las Artes?— para emitir su late night en apoyo a la Alhambra. Después de un partidillo, un amigo me convenció de ir, por si acaso nos lo encontrábamos. Nos acercamos, y volví a casa de brazos cruzados, aunque pude fardar de conocer a uno que salía en Buenafuente. El Follonero. Yo no lo había visto nunca. No veía Buenafuente, pero mi amigo me aseguraba que el chaval salía en la tele, con lo que era la tele en 2007 …

Un par de años después, ahora en mitad del Mediterráneo en pleno viaje de estudios, se corrió el rumor de que el Follonero estaba grabando Salvados en el barco. Yo no me lo creí. Hasta que, en la cubierta, en una tumbona, me encontré un archivador negro, como de 10 cm de lomo y una pegatina en la portada:

Miré alrededor, y en la otra punta del barco —proa, se llama, ¿no?— me encontré al Follonero, que después de año y pico con programa propio ya tenía cierta trascendencia en TV. La abrí, claro, pero entre nervios y responsabilidad me quedé en la primera página, que ahora recuerdo como un guion. No me lo pensé, y grité: “¡Jordi, la carpeta!”, algo que se ha quedado como anécdota entre mis amigos. Efectivamente, Jordi giró la cabeza y advirtió a su ¿productora? La chica me agradeció el aviso y yo, a cambio, no tuve más remedio que pedirle un encuentro con el protagonista. El resultado está colocado en un lugar estratégico de mi habitación:

IMAG0088 (1)

La única experiencia en la que me he sentido raruno estando con un catalán. Cuando subí a pedirle la foto de rigor, se giró y comentó algo, de cachondeo y en catalán, claro, que ni mi amigo ni yo pudimos entender. Pero esto no viene al caso.

Me duele recurrir al tópico de que Jordi, con su Salvados, es un modelo a seguir. No soy yo muy de ídolos. Tengo un profesor que insiste en que Ana Pastor y Jordi son malos entrevistadores, en que hacen demagogia; ese término tan recurrido últimamente, que muchos apenas entendemos pero que queda como muy … progre, auténtico. [Moderno. Es moderno acusar de demagogia. Aunque muy pocos LA acusan. Se ha forjado a pulso.] Y yo me lo creo, porque es mi profesor, pero prefiero cerrar los ojitos, hacer como que miente y disfrutar del —según él— montaje y la demagogia de Jordi, porque en lo más profundo de mi vocación comunicativa hay un altavoz que insiste en que todo esto tiene que ser verdad y es un buen espejo en el que mirarme. Esto es simplemente la progresión, en profundidad, de mi éxtasis como espectador cabreado.

Podría analizar minuciosamente el porqué, los pros y los contras de mi tremenda e inédita admiración hacia Salvados y Jordi Évole como estudiante, futuro profesional y espectador: el comunicador, lo que hay de verdad, lo que hay de mentira, evolución del personaje ‘Follonero’, evolución del formato, audiencia y dependencia, manipulación política … Me da para tesis. Pero me aterra cambiar de opinión y no poder aferrarme a este resquicio de motivación ética, porque desde luego la calidad como producto audiovisual no tiene discusión ninguna.

Así que hoy prefiero quedarme con la duda de qué habría hecho si mañana, después de desayunar, me hubiera encontrado con Jordi Évole en la cubierta del barco. Desde luego, no una foto. Sería un punto de inflexión.

James Cameron’s Avatar

Estamos delante de la producción más esperada del año, de la década, quién sabe si del siglo. Y ¿por qué? Por partes: por primera vez, una película se filma con un sistema que integra un mundo creado por ordenador con el trabajo de actores de carne y hueso. Y lo hace sin trauma, con una verosimilitud nunca antes contemplada. Eso, y lo más importante, también por primera vez las tres dimensiones se ponen al servicio de una historia fantástica dirigida al público adulto.

Luis Martínez (El Mundo)

Avatar (James Cameron)

A raíz del análisis de la conversación entre Bazin, Renoir y Rossellini surgen dos cuestiones: ¿mana el arte del seno de la dificultad técnica? Y, de ser así: ¿muere al arte en la facilidad técnica? Ambas convergen en una: ¿la creatividad cinematográfica reside en el qué o en el cómo? ¿Cuál sería el resultado de trasladar técnicamente el Avatar de James Cameron al Hollywood de los años 50? ¿Tendría esa producción un mayor valor artístico que la versión actual?

Se podrían establecer, en mi opinión, tres epicentros cronológicos claves en la evolución del cine: el color (1922), el sonido (1927), y el cine digital (1952). Entre ellos, otros eventos importantes como la llegada de la televisión, el cinemascope o el cine en 3D. Tres puntos de inflexión técnica que han ido menguando la creatividad y, como consecuencia, según los planteamientos de este ensayo, el valor artístico del cine. Sigue leyendo

Descanso, y a volar

Has cerrado la puerta

como abriendo las calles de otra ciudad

Javier Egea

Javier Egea, paisano de ciudad y espíritu, ha tenido en bondad regalarme once palabras que reinventan con elegancia y mil matices el “cuando una puerta se cierra, se abre una ventana”. A mi esta semana se me ha cerrado una puerta, y por ende, alguna calle se abrirá. Digo yo.

Tengo que confesar que siempre le he tenido cierta tirria al periodismo deportivo, es decir, futbolístico, que se me ha antojado como una modalidad light de la prensa rosa. De todo hay, claro, pero nos meten con calzador el trabajo de los Pelotas, Los Manolos, los Marca, Sport, Ronaldo y la colonia de Pep. No obstante, en los ‘bajos fondos’ voy descubriendo que hay algo más, incluso una buena dosis de humanidad, raciocinio y deporte. Algo más allá los informativos que ofrecen un minuto de cultura cada siete de deporte …

Volviendo al tema, @a1varo_lopez me convenció a comienzos del verano de llevar GranadaCFWeb.com a la radio. Entre que me había ablandado con los periolistos deportivos y que estaba deseando probar la información en radio, no tuve más remedio que acceder. Y hace un par de días acabó todo.

Veo muy lejana la vuelta a la radio. A Contadero, desde luego, será imposible cuando la corporación local eche la llave. Cuando suceda, despotricaré sobre el tema. Lo único que tengo 100% seguro es que, después de dos años, merezco un descansito de, al menos, un par de meses, o tres, o cuatro. Es necesario, para reciclar. Me sentiré orgulloso de cumplirlo, y me rendiré ante mi nula voluntad si no lo hago mientras celebro la vuelta por encontrar una de las buenas calles que me abre el cierre de la puerta.

De las pocas cosas que tengo claras, es que me gusta la información, y la disfruto en la radio más que cualquier otra cosa. El fútbol me ha dejado muy buen sabor de boca para ir cogiendo carrerilla, ahora, un paso más.

Hoy, tengo la sensación de que se acerca algo grande, y bueno. Mañana ya me arrepentiré y me daré cuenta de que no hay radio.

La despedida, aquí.

Radio Contadero

La primera vez que se me escuchó por Radio Contadero, hace dos años y pico, llamé para opinar sobre la instalación de un centro de Calor y Café en el Barrio de la Cruz. Era la primera edición de La Tormenta y, atacado de los nervios, llamé para hablar por la radio. Los propios nervios en una simple llamada telefónica dicen mucho de todo lo que significa este medio para mi, dicen mucho de las tantas y tantas noches que … Esa no es la historia. Tampoco es momento de hablar de la chica que me cogió el teléfono aquel día … qué casualidades tan bien montadas. Unos meses después, así sonaba mi voz, ya delante del micro. Qué horror …

Y desde entonces, todas las semanas he pasado por la emisora. Calculo que he hecho cerca de 80 horas de radio en Contadero, entre La Tormenta (con Migue, Laura, Nietín, Álvaro y Leo) y Memories. Dentro de un par de semanas empezaba algo que me hacía mucha ilusión. Tanto que incluso acojonaba. No es mucho tiempo, por muy abultada que parezca la cifra. Y, desde luego, nada comparable con el valor sentimental. Hoy, cuando me han llamado para decirme que todo acaba, me ha venido a la cabeza todo esto:

– Primero, una foto:

Este día, mando XBOX de por medio, ‘firmamos nuestro contrato con La Tormenta’, Leo Rama, Miguel Balao, Mike, y yo.

– Segundo, un vídeo:

El making of de nuestra sesión de fotos en Santo Palomo

– Tercero: cada una de las tardes de Tormenta. En especial, el especial, valga la redundancia, de Navidad. Inolvidable tarde en Calor y Café. Me quedo con el testimonio de un hombre (con una vida asquerosamente rota), que decía necesitar la radio cada día …

– Cuarto: en plena ‘Gira Superstar’, yendo en autobús al teatro de Alcalá La Real, entré en directo en La Tormenta, por teléfono, y me comunicaron que por fin tendría mi Memories. Y en cuanto a Memories, después de 40 y tantos programas, creo que lo más justo es recordar la entrevista a Sidecars.

– Quinto: el último día de Tormenta.

– Sexto: Minuto Cero. Mi Alvarico acabó por convencerme de hacer fútbol en la radio y, aunque yo me veo muy muy verde para esto, accedí, hice mi proyecto, incluso una prueba, incluso el logotipo. Estaba todo listo, patrocinador incluido. Y parece que no podrá ser. Sinceramente, creo que habríamos captado más de un anunciante …

Al menos podré decir que toqueteé durante unos minutos el Estudio 1 …

Y ahora, al margen de estos momentos significativos, las conclusiones que saco después de dos añitos.

He escrito mucho sobre todo lo que me ha pasado en la radio, tanto en este blog, como en mi espacio personal. Lo más grande que me llevo de estos dos años es un amor, y un hermano, o dos. O quién sabe, incluso tres. Me viene la lagrimilla cuando me acuerdo de las miradas por detrás del micro, el deporte con Álvaro, los textos de Memories y, por qué esconderme, de las horas de risas y más risas con Migue. Echo mucho, pero que mucho de menos La Tormenta. Ojalá algún día se nos crucen a todos los cables, y nos de por reunirnos de nuevo delante de un micro.

Estoy triste, sin más, y eso que apenas cuento dos añitos en la emisora. No quiero ni imaginarme lo que pasa por las cabezas de todos aquellos que llevan 5, 10, 15 años, trabajando o colaborando en la radio, todos los que ya no podrán disfrutar de su radio por culpa de un señor que quiere ahorrarse un sueldo, el de una de las voces más bonitas que se escuchaban en Granada, el de Trini Megías, la persona que ha dado el visto bueno a todo lo que nosotros hemos propuesto. Esta es la peor noticia: un nuevo individuo en el paro gracias al egoísmo que nos rodea en este país. Este señor, el Alcalde, es el mismo que hace unos meses, en la cena de Navidad, nos invitaba a seguir trabajando por la radio. Disculpe, señor, pero ya está en mi larga lista de políticos corruptos de palabra y acción. El olor de la radio, que volví a catar hace unos días en la prueba de Minuto Cero, parece que ya no volverá. Espero, al menos, tener la oportunidad de despedirme junto a todos mis amigos.

Eso sí, aunque el cierre ya está prácticamente echado, no me iré sin protestar hasta que nos echen de Huétor, y agotaré mis últimos minutos de radio a lo grande, ya buscaremos la forma …

No sé qué más puedo decir, no puedo expresarme de ninguna forma, y quién me conoce sabe lo que supusieron para mi el primer programa de La Tormenta, Memories y lo que habría supuesto la primera edición de Minuto Cero.

Recordemos que no solo muere una emisora, un poquito de democracia, de radio en libertad, uno de los tantos pedacitos del periodismo que están quebrándose. Muere una caja de recuerdos para muchos de nosotros.

Ahora, compañeros, a pelear.

De la dificultad de emprender un nuevo proyecto

Hace año y pico publiqué esta carta en un digital que hoy funciona a manivela. En esta noche, creo que es justo recuperarlo. Había renunciado a él, pero debería ser algo muy presente en mi día a día …

“De mayor voy a ser astronauta”. Es la respuesta estándar a la cuestión que todos imagináis. Y es también el desencadenante de una sonrisa suave y cálida de progenitor orgulloso de su pequeño retoño. Sin embargo los años corren: las chicas dejan de ser esos seres extraños con los que no jugamos en el recreo para pasar a ser esos seres extraños con los que quieres jugar al salir de clase, la pelusilla crece y presumes de bigote, llega la tercera edad del pavo, y la cuarta, la quinta… Hasta que, casi sin pestañear, te plantas en el preciso segundo de la metamorfosis. Pese a que nuestros mayores nos intenten engatusar, seamos sinceros, la mayoría de los jóvenes decidimos nuestro futuro en cuestión de segundos. Bien por intuición o bien por impulso, una tarde decides que “Voy a estudiar medicina.” Y, con suerte, acabas por matricularte en la socorrida vía de escape ante la crisis… que no es sino una crisis de 10 años de estudio. Si todo eso ocurre, tu metamorfosis ha llegado a su fin. Serás la ilusión de esos padres de un hijo médico, honrado, trabajador, ancho de billetes… Una bella mariposa que volará. Y te mirarán como aquel día que te prometiste ser astronauta.

Distinto es cuando, bien por intuición o bien por impulso, una tarde decides que “Voy a estudiar periodismo” o, peor aún, “Voy a estudiar comunicación”. Crisis familiar, todos te buscan alternativas. “Habrá oposiciones de educación primaria dentro de cinco años, estudia magisterio” “Informática es muy complicada, pero es la carrera con más futuro”… Y los tópicos se van enganchando uno tras otro como un trenecito. Has pasado de ser gusano a… ser un gusano indeciso. Escuchas recomendación tras recomendación, hasta que todos comprenden que tu cabeza se endurece ante sus consejos. Como gusano indeciso que eres, te mirarán como tal, pero con cierto brillo en los ojos que más representa a la pena que al orgullo.

Yo nunca quise ser astronauta. Desde muy pequeño aprovechaba las señales horarias de mi radio para, con la ventana abierta del verano, comenzar mi programa nocturno. A modo de boletín informativo, las noticias de mi día se sucedían una tras otra. La música de los ochenta precedía a cada una de mis intervenciones. Hasta que llegaba el momento de las profundas reflexiones que me parecían discursos presidenciales, pero que hoy no dejan de ser una anécdota infantil. Pese a que aún tengo ese amago de presidencialismo cuando me pongo delante de un micro. Sí, he dicho bien: delante de un micro. Durante unas seis horas a la semana. Porque yo nunca quise ser astronauta, sino ‘presentador’. He escogido ser gusano durante toda mi vida, y me he lanzado a estudiar Comunicación Audiovisual. Presento un magazine semanal de contenido universitario y colaboro en otro magazine, ‘La Tormenta’, en una emisora municipal. Además, me decidí hace unos meses a presentar el proyecto de aquel ‘programa’ de mi infancia… bueno, algo parecido. Pareció gustar.

El proyecto de ‘Memories’ ha sido amablemente admitido por Radio Contadero, emisora municipal con sede en Huétor Vega (Granada). Junto con mi compañero, Leo Rama, me sumerjo cada noche en lo que en un principio iba a ser un “viaje a través de los pentagramas del tiempo”, pero que se ha convertido en fórmula musical Indie. Sazonada por supuesto por aquellas reflexiones, que ahora llegan de la mano de nuestros amigos bloggers. La calidad del programa deja algo que desear, y los locutores tenemos mucho que aprender. Sin embargo, comparando con otros formatos similares, el programa se merece al menos un minuto de escucha. No es inmodestia, sino sinceridad profesional.

Sin embargo, nos vemos luchando por buscar nuevas estaciones que acojan a nuestro programa entre su emisión, con objetivos que lejos quedan de las miles de escuchas de gigantes como ‘Milenio 3’ o ‘Disco Grande’. Para este mes de abril que comienza, nuestro objetivo se remonta a las 80 escuchas de media en los programas de nuestro podcast. Y es que aparte de las presiones de los ‘jefes’, aparte de los mil y un problemas técnicos y, por qué no decirlo, de los choques estilísticos con mi compañero, y buen amigo, se presenta el quebradero del enganche de la audiencia. De eso que los publicistas y comunicadores llamamos target: el público al que se dirige la emisión. ¿Cuál es nuestro público? ¿Qué le interesa? Hay multitud de preguntas sin contestar, que posiblemente queden por siempre sin solución, pero que entorpecen el trabajo, hastían y desmotivan sin piedad.

‘Memories’ es un bebé, recién nacido, al que mimamos sin límites, cerrándonos incluso alguna que otra puerta… y controlando las salidas de los viernes noche, algo que, por sorprendente que resulte, muchos no están dispuestos a sacrificar. Un día decidí ser gusano, y ahora sólo me queda la esperanza de ser un buen gusano. Es por eso que trato a la radio con el mismo respeto y admiración de siempre, y que lo intento plasmar, con más o menos acierto en mi programa. Porque a pesar de todos los inconvenientes propios de cualquier nuevo proyecto, y más en este ámbito, nos gusta la radio, y eso está por encima de cualquier consejo paternal.