Su misión

La moral divina y la mundana se miden en compases distintos. Entre las celosías de la Catedral de Granada, la vida baila al ritmo de un vals; mientras que del retablo hacia fuera los truenos del rock retumban escándalo tras escándalo. Y ni el último de ellos ha perturbado la paz gloriosa de monseñor Javier Martínez, arzobispo de Granada desde hace más de una década.

Hasta hace unos días, a Martínez no le rechistaba ni el Papa. Pilotaba su Passat, del color de la sotana, con la sonrisa como respuesta a cualquier reprobación de suntuosidad. Porque conducía él, claro: nada de chófer. Aconsejaba el cilicio para purificar almas iracundas, y aprobaba la felación condicionada. Condicionada a practicarla pensando en Jesús. En su catedral sonaba un eco antiabortista: “genocidio silencioso”, “silencioso”, “oso”… Con resarcimiento por respuesta: “si la mujer aborta, el varón puede abusar de ella”. Bueno, y si no aborta también, porque monseñor recomendaba a sus feligresas matrimonio y sumisión, y no conozco la sumisión libre de abuso.

Y de pronto, la llamada de Dios trastornó su paz. No fue Dios, exactamente, sino su corresponsal en tierra firme, Jorge Bergoglio. El Papa. Una conexión Vaticano-Granada para rendir cuentas. ¿Cómo iba a saber Javier que su diócesis padecía la mácula de la violación? El bueno de Martínez. Desde los cristales tintados del Passat todo se ve algo opaco.

Francisco está enfadado, y ya piensa en el sucesor de Javier en el Reino de Granada. Pero Javier, a sus 57 años, se ve con fuerzas para seguir cocheteando. Algunos medios aseguran que Bergoglio estaría dispuesto a poner los conocimientos bíblicos de Martínez al servicio del Vaticano. Ya lo dijo Michael Corleone: “Mantén cerca a tus amigos, pero más cerca a tus enemigos”.

Si es así, tanta paz lleve como descanso deja. Que los aires romanos devuelvan a Martínez la lucidez, que se olvide de la sumisión y se dedique a su misión. Y un último consejo: la Guardia Suiza es más severa que la Policía Local de Graná. Guárdese, monseñor Martínez, de aparcar en doble fila en la Plaza de San Pedro.

Alba Gárate

De Lantana a Lantalba, pasando por Alba Gárate

La “artista” se desenchufa en La Tertulia para presentar su último trabajo. Será el primero bajo su nuevo nombre artístico, Lantalba.


Al fondo del pasillo, el abrigo negro, la funda de su guitarra y sus gafas de pasta tapan la luz de las ventanas, y de su propio rostro. Alba Gárate (Barcelona, 1980) está pálida, pero sonríe cuando percibe en la redacción los acordes de Quisiera, su último single. Es una lista de quimeras, verso a verso, asentada en las bases del electropop. La música de Lantalba tiene mucho de su oscuridad, pero también de sus sonrisas y miradas cómplices.

Nació en Barcelona, aunque su infancia transcurrió en el pub de su familia en Fuengirola, Málaga. A los trece años se unió a una banda funk, y meses después se alistó como cantante heavy al tiempo que cantaba pasodobles con una orquesta, y baladas en garitos de la Costa del Sol. Ejerció de presentadora de karaoke y luego se pasó al jazz. Todavía no contaba 19 años cuando se marchó a Madrid a estudiar interpretación.

Ella no se considera música, ni actriz: “yo me considero artista”, sentencia. Sin arte, Alba no podría vivir: “me tendrían que encerrar en un manicomio”, bromea. Pese a que se define como creadora, para transmitir “esas cosas que con palabras son difíciles”, aclara que su vocación es la música.

Su punto de inflexión llega en 2006 de la mano de Daniel Sánchez Arévalo, quien le hizo hueco en el reparto de AzulOscuroCasiNegro y eligió su tema Imaginarte como canción principal de la banda sonora. Esto dio pie a varias nominaciones. La primera, a la mejor canción original en los Goya. La segunda, a la de mejor artista revelación de España en los MTV Sounds of Europe 2007. Luego llegaron la de Disco del Año y los Premios de la Música. Todas sin trofeo.

Nada más acomodarse en el sillón, explica que la canción que escuchamos congrega muchos de los tópicos que mueven su obra: “el amor, la ausencia del amor, tenerlo y no estar seguro, los conflictos, las imaginaciones y las ideas acerca de las relaciones humanas”. Todo ello forjado a lo largo de 34 años de idas y venidas, impresos en cuatro álbumes publicados bajo el nombre de Lantana y un quinto, ya como Lantalba, en fase de producción.

“La chica de los ojos dorados” verá la luz en febrero, aunque los ecos del adelanto, Quisiera, ya se dejan oír en las plataformas digitales. Según Alba, el disco cuenta “una relación imposible con un trasfondo sobre la Fe, sobre la esperanza que muchas veces, y especialmente en tiempos difíciles, es difícil de conservar”. Lo hace en clave de electrónica con puntos de psicodelia oscura y letras pegadizas, incluso bailables. Lo que ella define como “eclectopop melancólico”.

No obstante, la electrónica del productor Stefan Olsdal no disfraza los gruesos trazos de cantautora que se perciben en Alba Gárate. No es solo por la guitarra que la acompaña, sino por sus letras profundas. Lantalba presentará su último trabajo hoy en el café-piano La Tertulia, en Granada, a partir de las nueve de la noche. Lo hará desnuda de artificios electrónicos, en un escarceo entre su voz, la guitarra y el público: “estoy muy nerviosa por lo de esta noche. Es un concierto íntimo, un acústico sin amplificación. […] El contacto con el público es casi piel con piel, y me resulta un reto. Es la primera vez que voy a hacer un concierto de estas características”, comenta.

El arte de Alba se define entre los polos, del heavy al pop, de la música a la actuación, del jazz a la electrónica, de Lantana a Lantalba, de la electrónica a la canción de autor; de su oscuridad, a su sonrisa. Disfruten hoy de su último experimento, el acústico.

Verano en RNE

Durante un par de meses, he disfrutado de mis prácticas de Grado en la sede provincial de Radio Nacional de España en Granada. Ahí va el último informativo en el que participé. Entro en el minuto 2:30

http://www.ivoox.com/informativo-rne_md_4168781_wp_1.mp3″

No me llames fotógrafo de guerra

En un tweet no cabe. Hace unos minutos, con el ‘We are from Barcelona’ —casi un himno— a modo de telón, he terminado ‘No me llames fotógrafo de guerra’, una producción de esas estériles, escuetas en florituras pero ricas en cuerpo y con interlineado, que solo puede firmar un canal de suscripción como el Plus.

Todo iba bien hasta que ha llegado el cierre, y esta imagen:

Fotoperiodista Álvaro Ybarra Zavala

Fotograma del documental ‘No me llames fotógrafo de guerra’

No es de las mejores, ni tampoco la peor de las que aparecen en el documental, pero estarán de acuerdo conmigo en que es de una crudeza —literalmente— absoluta. En un carrusel de imágenes que incitan a la compasión, esta devuelve sin anestesia al odio.

Recomiendo el documental por la colección de fotos, lo crudo de los testimonios y la duda que permanece en todo momento en el aire: ¿puede una foto cambiar el mundo?

Nuevas herramientas: Storehouse

Hace unos días me quedé prendado de “En la calle”. Se trata de un especial de El País dedicado a los desahucios y proyectado para la edición digital en el que han intervenido diseñadores gráficos, programadores, editores multimedia y, la base de todo, periodistas.

No se trata de un reportaje volcado en la web, sino de un reportaje pensado para la red, con un diseño espectacular, calculado al milímetro para disfrutarlo en cualquier dispositivo y con ese toque ‘scroller‘ que triunfa en los diseños de todo el globo (Spotify, Windows, Serrallo). Verdadero periodismo 4.0, en definitiva. 

Los desahucios: especial El País

Captura del reportaje multimedia de El País

Y justo después me encontré con Storehouse. Es una aplicación para iOS orientada a la presentación de historias en vertical que logra un efecto similar al ‘scroll parallax’ aunque, todo hay que decirlo, sin ese toque de profundidad indispensable que pone el broche de oro a estos diseños.

Le falta algo de fluidez, ya que al trabajar con vídeos consigue dejar K.O. al iPad, pero cumple su misión a la perfección, de forma sencilla y muy intuitiva. A la poca fluidez y la escasa profundidad hay que sumar la ausencia de opciones a la hora de personalizar: apenas se puede modificar el tamaño de las imágenes y elegir entre tres tipos distintos de texto. Todo sea por hacer una herramienta sencilla. No obstante, se echan de menos funciones como la edición de los vídeos o mayor variedad a la hora de posicionar los elementos.

Yo la he estrenado contando en pocas palabras y muchos vídeos mi experiencia con la nieve en los últimos meses. ¿Te animas? “From Trentino a Sierra Nevada: crónica de 20 días en la nieve”.

Captura cabecera Storehouse

Captura de mi primera prueba de Storehouse

UGR: El Debate

El pasado martes tuve el placer de estrenarme como moderador charlando con 4 líderes políticos granadinos sobre el paro, la llegada del AVE y la Universiada. Ojalá hubiéramos tenido tiempo para más.

Espero que alguien (de ahí arriba) vea nuestro trabajo y decida lanzarse por fin a crear una buena plataforma de medios en la UGR en la que tengan cabida los alumnos de Comunicación.

Por una función crítica de la fotografía de prensa

Introducción

En los dos primeros capítulos de su trabajo, Pepe Baeza pretende delimitar las intersecciones entre arte, publicidad y fotoperiodismo para posteriormente establecer una clasificación de la fotografía de prensa.

El escenario general de la imagen en prensa

Introduce su libro ofreciendo una panorámica de la imagen en la prensa actual, en un primer capítulo en el que cobra gran protagonismo la difusa frontera entre la imagen o fotografía publicitaria y la periodística. Pone como primer ejemplo de esta fusión el intercambio estilístico entre el fotoperiodismo y la publicidad, que ha heredado rasgos formales del documentalismo y la fotografía periodística clásica (altos contrastes, blanco y negro, grano grueso…).

Según Baeza, la publicidad asalta los estilos tradicionales del fotoperiodismo para fundirse con las últimas tendencias de creación artística y fotográfica. Esto permite la fusión entre fotoperiodismo, publicidad y arte que, por ejemplo, se da en las campañas publicitarias de Toscani para Benetton. De hecho, las agencias publicitarias se están decantando en los últimos años por hacerse con los servicios de autores de renombre de la esfera del fotoperiodismo y el documentalismo. Como consecuencia de esta fusión de disciplinas “el estilo de la imagen no puede determinar ante qué nos encontramos”.

Los grandes grupos mediáticos, aprovechando la conjetura, han optado por retener a su target mezclando publicidad con información y entretenimiento, haciendo que la divulgación de productos se disuelva entre las líneas de los periódicos, lo cual permite un impacto más efectivo y ‘silencioso’ en el lector. En estos casos, la publicidad bebe de la credibilidad tradicional de la prensa. A esto hay que añadir el constante interés de las agencias por normativizar al lector promoviendo el estereotipado.

Al hilo del estereotipado, Baeza afirma en el segundo capítulo que los estereotipos, vistos en positivo, pueden ser un valioso instrumento de economía en la percepción de la imagen. Es decir, que los tan estigmatizados estereotipos tienen una lógica utilidad psicológica, tanto para el lector como para la agencia publicitaria, si se utilizan con cierta responsabilidad a la hora de persuadir.

Ligado a este avance sociocultural y técnico aparece el término ‘posfotografía’ que será tratado más adelante. Sigue leyendo