Radio Contadero

La primera vez que se me escuchó por Radio Contadero, hace dos años y pico, llamé para opinar sobre la instalación de un centro de Calor y Café en el Barrio de la Cruz. Era la primera edición de La Tormenta y, atacado de los nervios, llamé para hablar por la radio. Los propios nervios en una simple llamada telefónica dicen mucho de todo lo que significa este medio para mi, dicen mucho de las tantas y tantas noches que … Esa no es la historia. Tampoco es momento de hablar de la chica que me cogió el teléfono aquel día … qué casualidades tan bien montadas. Unos meses después, así sonaba mi voz, ya delante del micro. Qué horror …

Y desde entonces, todas las semanas he pasado por la emisora. Calculo que he hecho cerca de 80 horas de radio en Contadero, entre La Tormenta (con Migue, Laura, Nietín, Álvaro y Leo) y Memories. Dentro de un par de semanas empezaba algo que me hacía mucha ilusión. Tanto que incluso acojonaba. No es mucho tiempo, por muy abultada que parezca la cifra. Y, desde luego, nada comparable con el valor sentimental. Hoy, cuando me han llamado para decirme que todo acaba, me ha venido a la cabeza todo esto:

– Primero, una foto:

Este día, mando XBOX de por medio, ‘firmamos nuestro contrato con La Tormenta’, Leo Rama, Miguel Balao, Mike, y yo.

– Segundo, un vídeo:

El making of de nuestra sesión de fotos en Santo Palomo

– Tercero: cada una de las tardes de Tormenta. En especial, el especial, valga la redundancia, de Navidad. Inolvidable tarde en Calor y Café. Me quedo con el testimonio de un hombre (con una vida asquerosamente rota), que decía necesitar la radio cada día …

– Cuarto: en plena ‘Gira Superstar’, yendo en autobús al teatro de Alcalá La Real, entré en directo en La Tormenta, por teléfono, y me comunicaron que por fin tendría mi Memories. Y en cuanto a Memories, después de 40 y tantos programas, creo que lo más justo es recordar la entrevista a Sidecars.

– Quinto: el último día de Tormenta.

– Sexto: Minuto Cero. Mi Alvarico acabó por convencerme de hacer fútbol en la radio y, aunque yo me veo muy muy verde para esto, accedí, hice mi proyecto, incluso una prueba, incluso el logotipo. Estaba todo listo, patrocinador incluido. Y parece que no podrá ser. Sinceramente, creo que habríamos captado más de un anunciante …

Al menos podré decir que toqueteé durante unos minutos el Estudio 1 …

Y ahora, al margen de estos momentos significativos, las conclusiones que saco después de dos añitos.

He escrito mucho sobre todo lo que me ha pasado en la radio, tanto en este blog, como en mi espacio personal. Lo más grande que me llevo de estos dos años es un amor, y un hermano, o dos. O quién sabe, incluso tres. Me viene la lagrimilla cuando me acuerdo de las miradas por detrás del micro, el deporte con Álvaro, los textos de Memories y, por qué esconderme, de las horas de risas y más risas con Migue. Echo mucho, pero que mucho de menos La Tormenta. Ojalá algún día se nos crucen a todos los cables, y nos de por reunirnos de nuevo delante de un micro.

Estoy triste, sin más, y eso que apenas cuento dos añitos en la emisora. No quiero ni imaginarme lo que pasa por las cabezas de todos aquellos que llevan 5, 10, 15 años, trabajando o colaborando en la radio, todos los que ya no podrán disfrutar de su radio por culpa de un señor que quiere ahorrarse un sueldo, el de una de las voces más bonitas que se escuchaban en Granada, el de Trini Megías, la persona que ha dado el visto bueno a todo lo que nosotros hemos propuesto. Esta es la peor noticia: un nuevo individuo en el paro gracias al egoísmo que nos rodea en este país. Este señor, el Alcalde, es el mismo que hace unos meses, en la cena de Navidad, nos invitaba a seguir trabajando por la radio. Disculpe, señor, pero ya está en mi larga lista de políticos corruptos de palabra y acción. El olor de la radio, que volví a catar hace unos días en la prueba de Minuto Cero, parece que ya no volverá. Espero, al menos, tener la oportunidad de despedirme junto a todos mis amigos.

Eso sí, aunque el cierre ya está prácticamente echado, no me iré sin protestar hasta que nos echen de Huétor, y agotaré mis últimos minutos de radio a lo grande, ya buscaremos la forma …

No sé qué más puedo decir, no puedo expresarme de ninguna forma, y quién me conoce sabe lo que supusieron para mi el primer programa de La Tormenta, Memories y lo que habría supuesto la primera edición de Minuto Cero.

Recordemos que no solo muere una emisora, un poquito de democracia, de radio en libertad, uno de los tantos pedacitos del periodismo que están quebrándose. Muere una caja de recuerdos para muchos de nosotros.

Ahora, compañeros, a pelear.

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